domingo, 26 de junio de 2016

EN LA RUTA DEL COMUNERO

Pensaba en trivialidades mientras venía en el transporte público, hasta que vi a un señor darse de cabezazos contra un árbol y luego con cada una de sus mejillas se frotaba ¿Pero qué? Y de una pensé en alguna clase de rito, justo cuando pasaba por el hospital donde trascendió mi mejor amigo, y lo recordé entre el extraño dolor y la acostumbrada presencia mirando hacia el otro lado del hospital. Se subieron tres enfermeras y comenzaron a hablar. ¿Viste al muerto? ¿Era bonito? Preguntaba una de ellas, otra contó lo que había visto cuando bajó a chismosear a la portería: una pelea ocasionada por hinchas del equipo local de santa fe, en la cual tuvieron que intervenir no sólo los porteros sino también empleados de la penitenciaría nacional ¡Cómo se tiraban cuchillo! Decía con un énfasis en la alarma ¡Y una en reanimación, pero ya el chico no tenía nada que hacer, lo apuñalaron en el corazón (¿Cómo suturar algo así? pensé) y el asesino estaba allí porque era uno de los mismos hinchas del equipo. Seguía la enfermera entre una que otra risa de chiste entre conocidos: La je le había prometido al hermanito menor que lo iba a dejar entrar para que viera al hermano, y cuando eso le decía: no te mueras hermanito; y no pude de la tristeza y lo sacamos de allí, al chico muerto lo llevamos a la plancha porque todos allí mirando. Yo pensaba pero no podía salir del rango de fuego de ellas que se sentaron justo al lado mío: Un policía grande, así como mi marido, cogió a uno de los que se habían metido y lo sacó de allí como a un muñeco ¿Y el que esposaron? Ese era el padrastro del chico, no sé si al asesino lo cogieron porque estaba allí entre ellos, pero seguro a ese lo pelan en venganza y eso era lo que estaba diciendo el otro hermano que estaba herido. Qué triste y que miedo, vallan y le den a uno una puñalada bien dada, el celador cuando me hizo a un lado me dijo que tranquila pero uno vaya a saber en una batalla así, y el hermano herido decía: ¡¿Padre porqué?! Mientras lo veía ahí tendido en la camilla. Lo que uno oye en el transporte público no tiene precio, como el día que chismoseando el chat en el teléfono de una chica vi fotos explícitas de un falo erecto, a lo que ella respondió: que rico, ya monte en eso. Y ni qué decir del común denominador de problemas de pareja, hospitalarios, siniestros y demás tragedias que asolan la cotidianidad, pues la rutina es tal que la mediocridad parece ser una norma popular, como la música y demás cosas que acompañan al fútbol y la cultura del ignorante. Todos los protagonistas de la historia están lejos de ser un cuento o un invento, no sé los nombre ni mucho menos sus vidas, lo que sí sé es que son parte de esa industria llamada sociedad y que no es más que una estafa, se mantiene al vulgo como esclavos y para colmo defienden ese sistema que se alimenta de ellos como un parásito, como un demonio que exige tributo a cambio de nada ya que milagros no hacen los sordos ni ciegos emblemas de la iglesia, mucho menos un gobierno que simplemente vive del interés. Fueron apenas unos diez minutos de saber que no había luz en el hospital, de escuchar a esas mujeres y sentir sus espíritus presos de la vida, llenos de miedo y prejuicio por no decir que insensibles pues el dolor es ajeno, el propio se lleva como un secreto o como una lápida. No pude evitar indignarme por el chisme más que noticia, todos tienen la culpa de un sistema corrupto y parásito que sólo sirve a los ricos y poderosos, que los pobres se acaben entre ellos que más dinero para los bancos y corporaciones o sociedades anónimas y otras de esas figuras demoniacas de la mafia legal. Farmacias, iglesias, estadios, estrados y demás lugares en que se apoya el sistema van en la sangre de los ingenuos que tributan y votan, los cómplices de la brutal situación social, los mediocres que usan teléfonos inteligentes porque ellos no lo son.

joe satriani

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