lunes, 20 de octubre de 2014

SOMOS UNO

Para un misántropo solitario y fantasmal, salir en sociedad es claramente un reto y una prueba, no obstante, en mi caso existe un ánimo espiritual que me enfrenta a mi misma condición. Así atendí al llamado de un grupo en la red social "Conexión Juaica" y pese a mis males propios decidí ir a pesar de no conocer a nadie. La sorpresa fue encontrar a gente vibrando en la misma frecuencia en que lo hace mi mente y corazón, personas con una gran inquietud existencial, bellos seres que aceptan la contradictoria forma de pensar de este loco que escribe. Llegué y tendí mi carpa, luego fuimos al pueblo sin importar que estuviera lloviendo, compramos algo de provisiones y regresamos al campamento a esperar a los restantes que faltaban por llegar. La noche cayó rápidamente y después de una merienda, encendieron la fogata y empezamos a hacer el círculo donde nos presentaríamos y llevaríamos a cabo lo planeado: hablar, cantar, danzar, reír... vivir. Estábamos en ello cuando se interrumpió a katerine para señalar un objeto que cruzaba el cielo, todos levantamos la mirada al cielo que se había despejado mientras estábamos allí reunidos. Mientras continuaban las presentaciones, observábamos en el cielo "Satélites" que se desplazaban de manera imperceptible e irregular, unas eras de color naranja y otras muy brillantes como un planeta, pero se movían y empezaban a desvanecer hasta desaparecer, otras parecían ir en línea recta pero describían una orbita propia, además parecen ir en zig-zag como si oscilaran de alguna manera. Ya casi me tocaba presentarme cuando la bella chica a mi lado me dice mira, y encima de nosotros había una resplandeciente luz blanca que vi quieta por un instante, luego empezó a moverse y desvanecerse hasta desaparecer. el cielo ya mostraba señales de nublarse pero en tras ellas se seguían viendo una que otra, así que después de la presentación empezamos a cantar y bailar al rededor del fuego, Oscar nos indicaba lo que debíamos responder y nos enseñó un canto a la tierra y los elementales, por casi dos horas celebramos que no sólo estamos vivos sino qué somos hijos de las estrellas, somos los herederos de Dios. Luego de ello hicimos una comida colectiva y una pausa para continuar con nuestras historias y experiencias, ya para entonces el cielo estaba cubierto de nubes y algo me decía que no íbamos a subir la peña, pero no importaba cuando de interactuar con personas se trata, seres que al igual que uno buscan una respuesta a las inquietudes y una comprobación de las certezas. La lluvia nos bendijo suavemente hasta que antes de la medianoche fuimos a descansar para despertarnos a subir la peña de madrugada. El último en llegar se había presentado y compartido su historia, aquel joven sería el huésped en mi tienda, hablamos un rato y después de la medianoche dormimos. Dormir es un lujo en las condiciones en que estábamos, por suerte mi carpa no se inundó como otras y yo no me mojé como les pasó a otros. Todo estaba planeado de esa manera pues venía otro grupo que hacen crecimiento personal muy temprano, y así fue, casi a las 5 de la mañana en medio de una lluvia constante que duró toda la noche llegó un grupo de personas. El coordinador o orientador les daba órdenes al mejor estilo militar, ejercicios de reconocimiento personal a través de una historia sobre la creación y la evolución, pero justo cuando pasaron del cavernícola al agricultor me quedé dormido; el hombre usaba música new age y a pesar de que estaba lloviendo realmente, puso sonidos de truenos y pidió que imaginaran una tormenta (No era difícil para mí, que a pesar de estar entre cobijas y acostado en el suelo de la carpa, no podía salir a orinar), hasta que convirtió las lanzas de los cazadores en azadones, y allí me quedé dormido imaginando a mis tíos y primos cultivando la tierra. Al despertar no oía nada, pero empezó a sonar la canción de vangelis que usaron para la serie de televisión Cosmos de Carl Sagan, recordaba mis experiencias con esa rola, seguía su ritmo en el silencio arrullado por la lluvia, hasta que al terminar el hombre dijo con voz fuerte: ...Y así fue la creación. pueden ponerse la medias y los zapatos. Y entonces quedé como ¿Eso fue todo? ya había amanecido y seguía lloviendo. Cuando se marcharon salí de la carpa a mojarme un rato, nadie más estaba afuera pero al regresar del monte ya había una chica que saludé, ya era obvio que no subiríamos la peña, estaba completamente sumergida en neblina y pensaba en lo que allí ocurría en secreto. Empezaron a salir más personas hasta que todos fuimos a desayunar al comedor de la casa, una mesa grande de madera que nos sirvió al doble propósito de comer y hablar, luego de ello regresamos al camping al iniciar los talleres. Ya había escampado y salido el sol por lo que regresamos al campamento a hacer unos ejercicios que me recordaron a mis tiempos de actuación y creación, también las carpas donde irían a hacer masajes holísticos y donde se haría terapia curativa con vibración musical. Luego del gran abrazo colectivo que compartimos nos abrazamos cada uno con palabras silenciosas, cosa imposible para seres que expresan su agradecimiento oralmente; gracias, eres hermosa, que energía tan hermosa; eran frases que se oían entre nosotros. El ejercicio había sido hecho la noche anterior, el cual no faltó nadie pues hasta la carpa vino la niña que me faltó, y el abrazó fue largo, agradable y halagador. Luego fuimos a un círculo trazado dentro de un corazón que en su centro tiene un triángulo, allí nos reunimos unos pocos y empezamos una meditación con elementos chamanes como ámbil, cuarzos y oska o rape. Ésta mezcla de tabaco se inhala por la nariz con un tubo especial para ello (un palito hueco en forma de V), cosa que la chica a mi lado nunca había probado, y a pesar de que estaba fuerte ella lo tomó con la fortaleza de quien ya está acostumbrado a ello. Luego recargamos nuestros objetos y ofrecimos nuestras energías al sol y a la tierra, reverenciamos la montaña con respeto que la montaña merece, con la sacralidad que la peña impone a quien ve en ella algo más que materia. Íbamos quedando pocos pues salían aquellos que tenían compromisos o que vivían lejos. Ya eran las tres de la tarde y unos pocos seguíamos allí, de no ser por las responsabilidades, podríamos quedarnos allí ante la magia y el esplendor de la creación divina, podríamos adueñarnos del espacio y el tiempo pero somos dueños de nuestras vidas. Así después de una gran conexión nos dispusimos a regresar, levantamos los rastros de nuestras presencias y agradecimos al cosmos por su gran amor. En lo personal, tanto tiempo de austeridad no ha acabado con el ánimo aventurero de mi espíritu, encontré personas de gran valor espiritual que sin más trato no solo como amigos sino como la familia cósmica que somos, así para terminar diré que ahora soy parte de somos uno así como todos ustedes son parte de mi corazón.

GRACIAS AL PADRE

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joe satriani

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