jueves, 30 de agosto de 2007

AVENTURA

-No se cuanto tiempo llevo sin ir al pueblo-, Pensó Lauterio. Tomó su mochila, un sorbo de lo que en su taza hay, prendió su tabaco, y emprendió su marcha hacía el pueblo; entre el canto de las aves, el murmullo del céfiro en las hojas, y esa magia que sólo un taita puede tener. A este pueblito habían llegado turistas, buscaban un chamán que sea capaz de lo imposible, curar a Julia de su gran depresión, pues, habían intentado todo lo humanamente posible, pero fue imposible. Nadie sabe quién la convenció de venir, o la razón de ésta aventura, pero ya están aquí. Llegaba Lauterio a la aldea, cuando a la distancia observó un hombre, le sintió una energía tan pesada que de una vez, el diente de tigre que tenía en un collar alrededor del cuello, se rajó, vio el odio en sus oscuros ojos, pero estaba protegido contra el mal de ojo, aunque su pierna le dolió continuó por otro camino, hasta llegar (sin saberlo) a donde lo esperaba Julia y sus amigos.
Pacha Mama le gritaban los vecinos cuando Lauterio pasaba, que llamó la atención del grupo de excursionistas y lo voltearon a ver, y como si fueran viejos amigos fue a saludar de una vez a Julia, los demás asombrados o emocionados, pidieron al hombre que por favor hiciera algo por su amiga, que está al borde del suicidio, y no hubo antidepresivo que la ayudara, ni terapia que sirviera. El viejo los condujo a su choza, en la profundidad del bosque, entre sílfides, duendes, náyades y demás seres, los iba llevando hacía un trance, preparándolos para lo que se les venía en un par de horas. El crepúsculo de tonos violáceos y rosados, era hermoso, sentían algo muy extraño, entre la perplejidad y la tranquilidad, y el camino se ha hecho misterioso y asombroso.
Al llegar, lo primero que hizo el taita fue dar gracias, y sin demora los llevó al lugar donde el poder se iba a manifestar. Les hizo dejar su equipaje en la choza, y luego de rociarlos con un poco de licor, les dio a beber una extraña pócima, pero a Julia le dio de lo mismo que él había bebido antes de salir, y en el mismo cáliz. Al inicio nada parecía sentir nada, pero a lo largo que pasaban los minutos, los penetró un bienestar y miedo profundo, que los confundía en un insólito sentimiento; no podían entender cómo era que sin luna pidieran ver bien en la noche, o que entendieran los arcanos del cosmos, pero no supieran lo que estaba pasando. Luego el ermitaño sacó su pipa y le dio un fuerte beso, exhaló el humo sobre Julia, y ella entró en un estado de paroxismo total, por mucho tiempo no se había visto su linda sonrisa, sus ojos brillaron con la dulzura de su infancia cándida, se la podía sentir tan incorpórea, tan espectral, con esos colores que salen de ella, rutilantes cual nebulosa.
El frío de la noche no era nada, tampoco el sueño, ni el cansancio, ni el hambre, porque en ese estado todo es perfecto, armonizan los extremos y se tocan, no hay manera de evocar esas ideas, ya que no pertenecen a este plano. Así mismo como se comunicaban Lauterio y Julia, ellos casi podían percibir los pensamientos de todo y todos, supieron que ella se había soñado con este lugar, luego del tiempo abstinente de su estado mental y físico, entre terapias, drogas y crisis, sin embargo, ahora era el momento de volver a nacer, de empezar de nuevo desde el huevo. Salir, levantarse y volar. No hablaban de otra cosa que no fuera lo cósmico, el amor, la naturaleza, lo místico, así veían como el dolor hace parte del amor, el significado de sacrificio, de la vida misma, la cual puede ser cruel o una bendición.
La oscuridad le daba paso al alba, el viaje eternizaba ahora a la luz del señor, todas esas sensaciones, emociones, ideas, visiones, extra-corporeidades, todo parece aún un sueño, es tan extraña la realidad que parece un frenesí. Pero de la misma manera que todo empezó, así mismo todo iba volviendo a ser como todos los días, de nuevo ese cansancio, el hambre, la sed, la imposibilidad de este plano, la negación, el dolor, el trabajo, la hora de irse del rancho de Lauterio, de volver a la urbe, con el recuerdo del viento en el rostro, del fuego en la piel, de la experiencia fantástica de todos, que gracias a Julia pudieron tener.
Nadie imaginó que aquella frágil flor, fuera tan imperecedera, tan original como la manzana del pecado, mucha gente acude a ella por un consejo, es la psicoanalista que Freud envidiaría, la mujer perfecta. Un día cuando nos conocimos me dijo algo que le había dicho Lauterio, que conocería el amor y la felicidad, si sería capaz de pensar en ella pensando en los demás. Ese día me dijo que yo le irradiaba una energía muy linda, que era de su mundo, que muchos son los llamados y pocos los escogidos, por eso el destino nos tenía esta sorpresa: el día que nuestro hijo nació hubo eclipse de luna, el día que lo bautizamos fue la más hermosa lluvia de estrellas, ahora que estamos perdidos en este espeso bosque, ¡cae un meteorito! Julia es muy paciente, yo soy astuto y un vago por instinto, y nuestro hijo es la complejidad de los dos, ahora parte de ese metal galáctico lo hemos encontrado, nos vamos a hacer tres collares, emblema de la unión celestial. Me alegra que ella no se hubiera suicidado, que yo hubiera sobrevivido a ese accidente y que nuestro hijo fuera la prueba de que una enfermedad, puede ser sanada únicamente con amor.

1 comentario:

Hal9000 dijo...

Lo leo y lo releo... Julia... creo que esa mujer es para Lauterio la combinación entre un viaje de heroína, el mejor día de su vida, la tristeza absoluta, su mejor orgasmo y su mayor desgracia... Esa Julia es bien particular!!

Me gustó...

joe satriani

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